Un 2007 muy variable

Por Javier de Luna

El año 2007 se ha caracterizado en la localidad turolense de Beceite por su variabilidad meteorológica, pues hemos pasado por períodos secos interrumpidos por intensos temporales, alguno de los cuales descargaron con cierta violencia. También se ha presentado la típica variabilidad de temperaturas que caracteriza al interior ibérico en sus distintas estaciones. De un invierno con las clásicas inversiones térmicas, pasamos a una primavera húmeda que precedió a un verano muy seco aunque no demasiado cálido; el otoño fue un resumen, a pequeña escala, de lo que ha caracterizado a 2007: los extremos y la variabilidad, tanto pluviométrica como térmica.

Foto 1.- (27 de enero)
Al día siguiente de una copiosa nevada que dejó 30 mm de precipitación, esta era la panorámica desde una montaña al N de Beceite a la que, debido a la nieve, solo se podía subir andando. La perturbación se había retirado la noche anterior, para dejar paso a una situación estable, con viento en calma y fuertes heladas, lo que hizo que la nieve se mantuviera como si terminase de caer en ese instante. El día era frío pero con un Sol radiante y una luz cegadora.



Foto 2.- (29 de enero)
La situación de inversión térmica persistió en los valles e hizo que los ríos y muchas fuentes, se congelaran. En la foto vemos el río Ulldemó a su paso por Beceite.



Foto 3.- (17 de agosto)
Después de una primavera muy húmeda, sobretodo por las pocas horas de Sol y la persistencia y abundancia de las lluvias de Abril, vino un verano muy seco y una anormal escasez de tormentas. De todas formas logré “cazar” una de esas pocas que se formaron y que, majestuosa ella, se paseó delante de mí descargando su furia en una comarca vecina.



Fotos 4 y 5.- (21 de diciembre)
Un violento temporal de levante, conocido aquí como “Llevantada” o “Levantada” con viento del E-SE, nos dejó 191 mm de precipitación en 3 días, de los cuales 140 mm. cayeron en la noche del 20 al 21 acompañada de aparato eléctrico. La torrencialidad de las lluvias queda reflejada en el color rojizo de las aguas. El río Matarraña pasó de un caudal que no llegaba a 1 m3/seg a rozar los 100 m3/seg a la salida del pueblo, superando los 240 m3/seg en su desembocadura en el Ebro y causado desperfectos en algunos caminos.






Foto 6.- (28 de diciembre)
En esa fría mañana el contraste entre las aguas del río Matarraña - frías en verano, pero “templadas” en invierno debido a la influencia subterránea-, y la rigurosa helada matinal, provocó estos caprichosos estratos, muy localizados, que vemos en esta foto ofreciéndonos sus juegos de luces. La mínima absoluta en ese episodio de heladas fue de –9,7º C.